Hugo Plascencia
Violenta sinfonía latinoamericana
by: Hugo PlascenciaLa presencia del pasado en el presente, "el sollozar de tus mitologías" diría López Velarde, puebla y discurre las estancias de esta Violenta sinfonía latinoamericana de Hugo Plascencia (Guadalajara, Jalisco, 1978). El tiempo del mito se activa en la actualidad voluble, frenética y absurda para volver a contar los días con el reloj del comienzo de las eras. En esa dimensión temporal, en cada poema se mueve un engranaje que activa un mecanismo que resignifica los rituales modernos, carentes los más de la pátina del espíritu y de lo sagrado. Tal vez por eso mismo, "la otra voz" de la poesía quiere refundar el orbe cotidiano, ungirlo de la breve y fugaz
eternidad, de su milagro y su diario morir.
A Alejo Carpentier, desde la novela y el ensayo, lo sedujo la circularidad mítica. Al Pablo Neruda de El canto general y al Eduardo Lizalde de Tercera Tenochtitlán la sincronía de los tiempos les permitió repasar los hitos de la historia bajo el ojo crítico de la poesía, su antagonista estelar, su contrapeso y veneno, su permanente conspiración, su bufón enloquecido que dice las verdades incómodas con gracia y desenfado. En el caso de Plascencia, empatar en su discurso lo histórico, lo poético y lo mítico lo encamina a felices y cáusticos hallazgos, a veces desacralizadores de las ideas fijas de la época y, en otros momentos, a fecundos asedios donde la lengua de la tribu tartamudea y enmudece: atisbos de umbrales y experiencias que rebasan la percepción racional.
ERNESTO LUMBRERAS
$150.00
La presencia del pasado en el presente, el sollozar de tus mitologías diría López Velarde, puebla y discurre las estancias de esta Violenta sinfonía latinoamericana de Hugo Plascencia (Guadalajara, Jalisco, 1978). El tiempo del mito se activa en la actualidad voluble, frenética y absurda para volver a contar los días con el reloj del comienzo de las eras. En esa dimensión temporal, en cada poema se mueve un engranaje que activa un mecanismo que resignifica los rituales modernos, carentes los más de la pátina del espíritu y de lo sagrado. Tal vez por eso mismo, la otra voz de la poesía quiere refundar el orbe cotidiano, ungirlo de la breve y fugaz eternidad, de su milagro y su diario morir.
A Alejo Carpentier, desde la novela y el ensayo, lo sedujo la circularidad mítica. Al Pablo Neruda de El canto general y al Eduardo Lizalde de Tercera Tenochtitlán la sincronía de los tiempos les permitió repasar los hitos de la historia bajo el ojo crítico de la poesía, su antagonista estelar, su contrapeso y veneno, su permanente conspiración, su bufón enloquecido que dice las verdades incómodas con gracia y desenfado. En el caso de Plascencia, empatar en su discurso lo histórico, lo poético y lo mítico lo encamina a felices y cáusticos hallazgos, a veces desacralizadores de las ideas fijas de la época y, en otros momentos, a fecundos asedios donde la lengua de la tribu tartamudea y enmudece: atisbos de umbrales y experiencias que rebasan la percepción racional.
ERNESTO LUMBRERAS
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